María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas, nació el 15 de agosto de 1821 en la Estancia Santa Leocadia, actual Villa Carlos Paz (Córdoba, Argentina). Fue el tercer hijo de una familia numerosa y profundamente cristiana, de ilustre ascendencia y buena posición social. Tuvo por padres a Don Felipe Cabanillas Toranzo y Doña Antonia Francisca Sánchez Lujan.
Transcurrió la infancia y la adolescencia en las sierras cordobesas de Punilla y en las llanuras del Río Segundo. Vivió la mayor parte de su vida en Córdoba, ciudad plena de espiritualidad, irradiante centro cultural, foco de profunda religiosidad. Pero también conoció los crueles enfrentamientos entre unitarios y federales, las violentas luchas políticas posteriores a 1852, los embates furiosos del laicismo liberal. Entre luces y sombras de aquella sociedad, fue templando su delicada y robusta personalidad. El 25 de agosto de 1885, a los 64 años y luego de una dolorosa enfermedad, la visitó la “hermana muerte”.
El hogar de los Cabanillas era un oasis de paz. Su padre dirigía las faenas del campo. Tránsito ayudaba a su madre en los quehaceres domésticos. En aquella familia patriarcal reinaban la oración y la caridad, la simpatía y la comprensión entre padres e hijos y hermanos, el buen trato hacia los criados y peones de la estancia. El padre murió en 1850 y la madre en 1858; Tránsito se ocupó de la educación de sus hermanos menores.
Tránsito era de regular estatura y de vestir sencillo. Sus ojos pardos se derramaban en una mirada suave. La frente amplia y la nariz recta se destacaban en un rostro sereno de cutis blanco. Los cabellos rubios, sedosos y algo ondulados, caían sobre la espalda en dos simpáticas trenzas. Era inteligente y despierta, tenaz y decidida, recta y sincera. Amante de la belleza, cultivaba el jardín y la huerta, cuidaba las plantas y las flores. Le agradaba el trabajo doméstico y las labores manuales, el orden y el aseo. Su exquisita sensibilidad femenina se transparentaba en la bondad de corazón y el trato cortés, en los modales finos y el don de gentes, en la afabilidad e inalterable dulzura.
Integró las Conferencias Vicentinas para ejercitar el amor al prójimo. Con espíritu de servicio visitaba las casas de los pobres y les llevaba auxilio material y espiritual. Fue consuelo y ayuda de los enfermos y desamparados. Su caridad llegó al heroísmo durante el terrible cólera morbo de Córdoba, en 1867, que ocasionó más de 4000 víctimas. Perteneció a diversas instituciones religiosas sobresalientes en la oración y la piedad.
En 1858 se hizo Terciaria Franciscana. En 1873 ingresó en el Carmelo de Buenos Aires y, en 1874 entró en el monasterio de la Visitación de Montevideo; pero su quebrantada salud frustró ambos intentos de profesar la vida religiosa. El Señor la llamaba por otro camino. El 8 de Diciembre de 1878 a los 57 años de edad, fundó el Instituto de Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas. Con él buscaba glorificar a Dios y hacer el bien a todos, difundir el espíritu franciscano de paz en una sociedad convulsiona, practicar las obras de caridad y misericordia, educar cristianamente a los niños y adolescentes para contrarrestar los efectos del laicismo.
Amó apasionadamente a Cristo desde su niñez. Asimiló el espíritu del Evangelio, especialmente en el camino del anonadamiento y de la cruz. Fue obediente como Jesús hasta el Calvario. Veneró tiernamente a la Virgen María, su Madre amantísima. Le consagró su pureza de vida con el voto de castidad. La honró en fervoroso culto según el espíritu de la Iglesia. Se confió totalmente a su protección durante toda la vida. La declaró Patrona de su Instituto. La sintió muy cerca de sí en la hora de la muerte. San Francisco de Asís fue su estímulo de vida en el amor a Cristo, en la penitencia y el sacrificio por los pecadores, en la oración confiada, en la pobreza heroica que consideró cimiento de su instituto.
Amaba a los niños, a quienes catequizó desde jovencita. Sus procedimientos pedagógicos estaban impregnados de tacto exquisito y paciencia, de dulzura y bondad. Era serena y equilibrada, afable y condescendiente, sencilla y generosa. Quería que sus alumnas fueran mujeres de hogar responsables y piadosas, hábiles en los quehaceres domésticos y de atrayente delicadeza femenina.
"Esta vida está hecha para trabajar y la eterna para gozar", decía a sus religiosas, Y les daba ejemplos con el trabajo constante y generoso, entusiasta y alegre, sacrificado y diverso. Su actividad brilló en la fundación del instituto religioso, en la construcción de la Casa Madre, en la recaudación penosa de la limosna, en el adorno de la primera capilla a la Virgen Inmaculada.
Como fundadora y primera superiora del instituto religioso, la Madre María del Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado se reveló mujer prudente dotada de gran discernimiento. Sus cartas reflejan un gran corazón enamorado de Dios. Cuidó la formación se sus religiosas, muchas de las cuales alcanzaron fisonomía de santas y fueron columnas de la Congregación. Cimentó sus esperanzas con ejemplos heroicos.
No fue grandiosa su santidad, ni célebre por la vastedad de sus empresas, sino oculta, interior y silenciosa. Se sometió confiadamente a la voluntad del Señor y escuchó generosamente su llamado a una vocación especial. Vivió una especial presencia de Dios sumergida en la adoración y alabanza manifestada en la oración piadosa. Cultivó la pobreza hasta el extremo y la frugalidad de costumbres. Aceptó obediencias difíciles, y su impresionante humanidad la llevó al olvido de si misma, a la humillación y al anonadamiento. Soportó con inalterable paciencia las persecuciones y sin sabores. Perdonó a quienes la ofendieron y le causaron daño. Afrontó con resignación cristiana los sufrimientos del cuerpo y del alma. Trasuntó el amor de Dios en la caridad hacia el prójimo. “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, dijo Jesús; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,33).
Bajo su protección inflamado de espíritu, el instituto religioso se difundió por toda Argentina y se propagó por los países vecinos. Al medio año de su fundación, ya contaba con 50 religiosas. Las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas dirigen establecimientos pre-primarios, colegios primarios y secundarios, institutos terciarios. Practican la caridad en los hospitales, hogares de ancianos, residencias de descanso, casas de ejercicios espirituales, residencia misionera y otras obras asistenciales.
En esta tierra argentina de mieses y ganados, donde prosperan la industria y el comercio, creció una planta cuya flor exhala un suave aroma de santidad: la Venerable Madre María del Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado. Pasó su vida sirviendo a los pobres, enfermos y necesitados y se entregó a la educación cristiana de la mujer. En 1973 concluyó en Córdoba el proceso Diocesano de Beatificación de la Madre María del Tránsito y se lo abrió en Roma en 1974. SS. Juan Pablo II aprueba las Virtudes Heroicas de la Sierva de Dios. Se la declara Venerable el 28/06/1999.La Comisión especial médica aprueba la curación repentina, completa, duradera y científicamente inexplicable ocurrida en la persona del R.P.Fr. Roque Chielli – o.f.m. el 10/11/2000. Es el paso previo a su Beatificación, cuya feliz noticia el Santo Padre la comunica el 07 de Enero de 2002. El día 14 de Abril de 2002 S.S. Juan Pablo II celebra su Beatificación en la Plaza San Pedro.
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Hace muchos años, en la estancia de Santa Leocadia, actual Villa Carlos Paz, en Córdoba, Argentina, nació el 15 de agosto de 1821, María del Tránsito Eugenia de los Dolores, la tercera hija de los once de la familia de Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez.
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La pequeña Tránsito, ayudaba a su padres al cuidado de sus hermanitos. A ella le encantaba jugar y correr, disfrutando de la naturaleza que le ofrecían las sierras cordobesas. Su familia era muy cristiana todos los días se reunían a rezar.
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María del Tránsito, amaba a Jesús con todo su corazón, y a todos quería darlo a conocer. En las sierras y en la ciudad de Córdoba, se dedicó a dar catequesis a los niños y jóvenes.
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En Córdoba, se desató una terrible epidemia de cólera, donde muchas personas perdieron su vida. María del Tránsito, que tenía un gran corazón, sin pensarlo, ayudó a los enfermos y desamparados con gran amor.
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María del Tránsito admiraba la vida y obra de San Francisco de Asís, y quería imitarlo en su camino de seguir a Jesús pobre y humilde. Fue así que, en 1858, ingresa a la Tercera Orden Franciscana.
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Un día, María del Tránsito rezaba ante el Niño Dios, y recibió la inspiración de fundar una comunidad de religiosas Terciarias Franciscanas, que se dedicaran a educar y proteger a los niños y niñas más pobres.
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María del Tránsito, quería cumplir su sueño de ser religiosa, primero en las carmelitas de Buenos Aires, y después en las Salesas de Montevideo, Uruguay. Lamentablemente su salud no la acompañó y tuvo que dejar los dos conventos, con mucha tristeza.
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Animada por la inspiración recibida tiempo atrás, fue donde el Obispo de Córdoba, Monseñor Manuel Eduardo Álvarez y le planteó su deseo. El Obispo aceptó su propuesta y le indicó el lugar donde debía establecerse la nueva comunidad religiosa.
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María del Tránsito animada por la bendición del Obispo y la donación del terreno en el barrio de San Vicente, en Córdoba, por el Señor Agustín Garzón, comenzó a buscar la ayuda para construcción de la comunidad y colegio de las hermanas.
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Llegó el día más esperado, el 08 de diciembre de 1878, Fiesta de la Inmaculada Concepción de María, se da inicio a la Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas. María del Tránsito junto a sus compañeras se consagraron para siempre al Señor.
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Madre María del Tránsito junto con sus hermanas religiosas comenzaron a recibir y educar a las niñas y niños más necesitados, abriendo para ellos el colegio de Santa Margarita de Cortona, en el barrio de San Vicente, en Córdoba.
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Todos los días la Madre María del Tránsito salía junto a su canastita a pedir ayuda a los vecinos, para asi poder mantener la obra. Muchos colaboraban con su misión, otros la insultaban y le cerraban las puertas en su cara, ella con una dulce y amable sonrisa les decía: "Dios les pague".
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Nuestra madre amaba con todo su corazón a Jesús Eucaristía, tanto así que ella se llamará en la vida religiosa Hermana María del Tránsito de Jesús Sacramentado. Ante Jesús en el Santísimo Sacramento, ella encomendaba a sus hijas, a sus benefactores y especialmente a los más necesitados.
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Muy pronto, solicitaron a la Madre fundar en otros lugares de Córdoba. La nueva fundación de las Hermanas fue en Río Cuarto en 1879, en el Colegio del Carmen. La Madre Tránsito y las hermanas fueron recibidas con gran alegría.
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La Madre María del Tránsito, escribió al Ministro General de la Orden de los Frailes Menores, Fray Bernardino de Portogruaro para vincular la nueva congregación a la familia franciscana. El Ministro General, dos años después le responde aceptando y bendiciendo las obras de las hermanas.
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Una de las devociones más amadas por la Madre Tránsito, era a la Santísima Virgen María, a quien consideraba su amiga, su madre, su protectora. La Madre decía: "Ella te ha de alcanzar todas las gracias que necesites y las virtudes que te falten".
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Un gran amigo y protector de su congregación encontró la Madre María del Tránsito en el Venerable Obispo de Córdoba Fray Mamerto Esquiú , quien frecuentemente las visitaba y las animaba a seguir haciendo el bien a los más necesitados.
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Muchas penas, injusticias, y hasta una grave enfermedad tuvo que vivir la Madre, ella encontraba consuelo en la cruz y decía: "Sufrirlo todo por Dios, que el padeció más por nosotros". Madre María del Tránsito fue un ejemplo de amor, paciencia, y perdón.
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Los últimos años de la Madre Tránsito fueron entre su habitación y la capilla. También se la veía siempre tejiendo, cosiendo preparando manteles y ornamentos para la Santa Misa. Todos la querían mucho y siempre iban a saludarlas y a escuchar sus dulces consejos.
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Después de una vida dedicada al servicio de Dios y de los más necesitados, Madre María del Tránsito de Jesús Sacramentado entrega su alma al Señor, el 25 de agosto de 1885. Ella antes de partir les dijo a sus hermanas: "Desde el cielo, les haré mucho bien".
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La iglesia reconoce las virtudes de la Madre María del Tránsito, y el milagro por su intercesión. Fue beatificada en Roma, el 14 de abril del 2002, por el Papa San Juan Pablo II. Se espera un nuevo milagro para que sea declarada Santa.