Su niñez y su juventud



María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas, nació en Córdoba República Argentina, el 15 de agosto de 1821. Sus padres Don Felipe Cabanillas y Doña Francisca Antonia Sánchez formaron una familia con 11 hijos a los que dieron una esmerada educación y formación como convenía a un cristiano hogar. De estos hijos se distinguieron particularmente el Pbro. Dr. Emiliano Cabanillas; Eloisa, Religiosa Adoratriz Argentina. Isabel, Monja Dominica; y la Vble. Madre María del Tránsito, que es la fundadora del Instituto de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, de Argentina.
María del Tránsito como toda joven de su tiempo, y más aún como que era llamada a un seguimiento más comprometido, ha dirigido los pasos de su vida hacia una única meta: El amor a Cristo en la vida de oración y penitencia y en el servicio generoso a los necesitados (R.A), iniciando su apostolado desde su familia, a la cual supo acompañar con la fidelidad de hija y el fraterno amor de hermana.
La devoción a San Francisco de Asís que era propia de su familia, la hace suya al incorporarse el 4 de septiembre de 1858 a la Tercera Orden Secular (TOS), y con ferviente celo apostólico da su nombre a las Cofradías que por ese tiempo eran unas de las formas de demostrar el amor cristiano. Se inscribe entonces en las de la Purísima Virgen María y Santa Filomena, De la Virgen del Carmen, Conferencia Vicentina de Ntra. Sra. de la Merced, Asociación de la Buena Muerte y la enseñanza del Catecismo.


Su vida religiosa

El Carmelo 1872

La Sierva de Dios tenía conciencia que era llamada por el Señor pero no sabía cómo, ni por cuáles medios, como lo ha manifestado en su relato, no obstante como era mujer de fe, admitió la idea, fomentó el deseo y buscó la manera de llevarlo a la práctica. Creyó que la realización de su ideal estaba en el Carmelo.


El Discernimiento

El modo como la Sierva de Dios realizaba la búsqueda estaba referido en el relato autobiográfico: así andando algunos años, entre 1870 al 1872, con este deseo y con esta perplejidad sin mostrarme nuestro Señor a lo claro el camino que debía tomar y sin duda porque no era llevado el tiempo que El tenía en sus designios; en esto que yo andaba así sucedió que vino a Córdoba, la señora fundadora de las Carmelitas de Buenos Aires . Doña Isidora Ponce de León. Es de notar que esta señora era de la misma edad de la Sierva de Dios. Nació y murió en el mismo año de la Madre Tránsito.
María del Tránsito visitó a Doña Isidora Ponce de León, pero no le habló de su vocación. Sin embargo reflexionó sobre las cualidades de la citada señora y el plan que tenía de formar un Carmelo en Buenos Aires, y la creyó como la persona indicada para ese tipo de obra que se proponía. Volviéndose a si misma creía Tránsito que lo que ella deseaba era algo superior a sus fuerzas y sólo una ilusión, por lo tanto se dijo : “ tal vez yo conseguiría con facilidad ser dueña de esa casa ”, es decir, del Carmelo que se fundaría, dejando en suspenso la inspiración que sentía, porque en su humildad se creía indigna y muy pequeña. Temía ser víctima de una ilusión.
Y entre tanto, la señora se marchó de Buenos Aires y Tránsito quedó lo mismo que estaba sin desistir y sin dudar un paso adelante.
Era la incertidumbre, la oscuridad, el silencio que el Señor permitía en su alma.


Ingresa al Carmelo de Buenos Aires: 1873.

Cuando el año siguiente vuelve a Córdoba, la señora Ponce de León, María del Tránsito decide regresar al Carmelo. Contaba entonces 52 años de edad.
Deja a su familia que tanto amaba, su ciudad natal, su apostolado en las cofradías y parte para Buenos Aires en Octubre de 1872. No hay mayores datos sobre este viaje, ni si lo hizo con las otras postulantes cordobesas con las que ingresó.
Lo cierto es que se incorpora al nuevo monasterio, el que se funda el 19 de Marzo de 1873 .
Como el convento no estaba aún terminado, debieron habitar por seis meses en la casa de la señora Ponce de León; pero luego determinaron venir a vivir en el monasterio como había aconsejado el señor arzobispo de Buenos Aires, Ilmo Monseñor Francisco Aneiros quien había recomendado que guardaran las cláusulas y observaran desde entonces la vida común, y las reglas del Instituto del mejor modo posible para obtener las monjas que habían de fundar el convento. Así, inició la señora Ponce de León un anticipo de vida monacal el 19 de Marzo en 1873, en la fiesta de San José elegido como patrono pues en ese día bendijo al monasterio y capilla el citado Arzobispo.
La señora fundadora, al mismo tiempo completó los trámites para traer desde España las monjas fundadoras del nuevo monasterio. Para tal efecto y por indicación de un confesor, el español de la ciudad de Cuenca, Don Trifón Torrealba Malero, entró en relación con el señor obispo desde dicha ciudad, Don Miguel Payá y Rico, quien dio curso a la solicitud por auto del 22 de Mayo de 1874.
La Curia eclesiástica de Bs. As. emanó el auto de erección definitiva del monasterio el día 10 de Julio del mismo año y así comenzó propiamente la vida monacal presidida por la priora enviada Sor Micaela de Santa Bárbara con gran contento de todas, monjas y aspirantes y sobre todo con el regocijo de la fundadora que tomó el nombre de Teresa de Jesús .
Por su parte, nuestra María del Tránsito continúa su relato en la parte pertinente y dice así: “ y empezamos allí las prácticas de la vida religiosa, con mucho gusto y consuelo de nuestras almas, pero como no estaba acabada la casa , estábamos muy incómodas y teníamos mucho trabajo material por faltar recursos y faltas de sirvientas que no las había”. Y por lo que luego refiere, se aprecia que el trabajo era muy pesado para sus fuerzas: hacer jardín, cultivar la tierra, quitar maleza, sacar el agua de los pozos que eran hondos; hacer la cocina por semanas seguidas, y soportar un clima húmedo, todo esto por espacio de año y medio. Le faltó salud. Se empezó a juzgar que se enfermaba porque no tenía vocación.
Y como en toda fundación, la pobreza hacía sentir su presencia, el trabajo unido a las prácticas y a las austeridades de las reglas produjeron sus efectos físicos, aún espiritualmente era impulsado por el gran deseo de fidelidad al Señor que siempre la urgía.
Al fin un refrío crónico y un ataque bilioso la hizo adelgazar hasta convertirla en un esqueleto. Por esta razón se la juzgó que no tenía vocación y por la misma debía salir del convento.